Hace algún tiempo, en medio de uno de mis desesperados intentos por llamar la atención, escribí en el cuero interno de mi billetera (que no es de cuero) la siguiente consigna: You are not a thief, take it easy. Just call me, take the Money and I´ll pray for you. 31581289**. Pasemos por alto los horrores morfo-sintácticos de la frase (que lo mío no son las lenguas germánico-celticas (ni las romances, como mi atrofiao uso del castellano demuestra)) y concentrémonos en el hecho de que con esta, ya son dos las veces que la dichosa frasecita me trae de vuelta el artilugio contenedor de mi escaso patrimonio.
¿Saben cuál es la acepción contemporánea de «peculio»?: dinero o bienes que cada uno posee, esa es. Ahora, ¿saben a cuánto asciende mi peculio el día de hoy, 16 de septiembre de 2010, Año del Señor? A unamierda, sí, unamierda. Y unamierda es una cifra, una cifra real. ¿No? Visualicen el eje X de su plano cartesiano: -1 de un lado, +1 del otro, y en la mitad el 0 (cero). Ahora levanten el cero como si de una loza se tratase, pídanle al judío hijo de puta que duerme ahí que se ponga en pie un momento, voltéenlo, bájenle los pantalones, ábranle las nalgas y ahí, justo ahí, en el Maelstrom de los desheredados, encontrarán la cifra que, el día de hoy, define mi poder adquisitivo en la maquinaria capitalista de occidente: unamierda.
¿Qué por qué puse todas mis dracmas en la dichosa cartera? Porque soy un pelmazo, por supuesto. ¿Qué si le creí a la muchachita de ojos saltones que me la devolvió asegurando que la había encontrado por ahí, sin dinero alguno? Por supuesto, ¿por qué? , porque soy un pelmazo. ¿Qué si le di su recompensa por haberme devuelto el viejo contenedor con los dos documentos en cuyas fotos, ahí de paso, salgo horroroso? Como no, le di lo último que me quedaba, ¿por qué?... ¿Alguna otra pregunta que no tenga que responder con “porque soy un pelmazo”?..., eso pensé.
¡Bienvenida, miseria! ¡Bienvenida! Hoy no puedo pagarme ni un buen paseo en mula pero, ¡qué más da! Hoy me he unido a la selecta logia de los arrancados, de los Elegidos de Yahvé. Hoy se me está tentando, como al santo Job, ¡Pero no he de caer! No señor. Estoicismo y temple, estoicismo y temple, que puedo perder unos billetes pero jamás mi dignidad. ¡Jamás! Ahora, con su permiso, me voy a bañar de lágrimas las rodillas de mi mami, a ver si me contenta con una chupeta de cincuenta mil, para empezar a reponerme, digo yo.

3 comentarios:
Querido Frank olvidó sumarle a su escasez de rupias la de comentarios en este cuchitril. Por esa razón he decido pasar a dejarle, en billetes de a peso, mis más sinceras condolencias. Así que gástalas con suma prudencia.
Y es que en este blog no le pagan? que perdedera de tiempo...
pero siga escribiendo, o es que volvio a empeñar el computador por enesima vez y por eso otra buena temporada suya sin escritos hasta que su mama se lo rescate?
Jajajaja,Maese Frank, ruégole permítame mofarme y felicitar la excelente aportación de Maese Vincent; una tremenda joya digna de enmarcar.
Independientemente, mis discúlpas por la inevitable mofa.
¿Cómo le fué con los cincuenta mil?
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