lunes, agosto 23, 2010

Yo me apareo, tu te apareas, el me apalea...


Me encontraba hace dos noches trasegando un par de picheles de aguamiel en una vieja posada al sur de la Comarca cuando uno de mis cófrades de mesa, extendiendo el hocico como si se preparara para robarme un beso, me señaló una escena que se desarrollaba a unos diez metros, en una de las mesas del exterior: dos hombres fornidos (uno de ellos con un jean extraordinariamente ajustado que ponía en evidencia un par de imponentes pelotas) se empujaban con cierta violencia mientras una mujer pequeñita con cara de secretaria se esforzaba inútilmente por separarlos. Tras trazar las apuestas (yo le aposté cinco ducados al de los huevos gallardos) nos levantamos de nuestras sillas y nos aproximamos al epicentro del suceso.


--- ¡Miguel, por favor, aquí no!---le gritó la mujercita al que sostenía una botella vacía.
---Suelte la butrella, a ver---agregó el pelotudo con el poco dominio de lenguaje articulado que le permitía el licor en su riego sanguíneo.
---Usted cállese, ¿sí?---dijo ella casi con lágrimas en los ojos.


A continuación el primer sujeto pone el embase de vidrio sobre el andén, se queda mirando al segundo con ojos coléricos y sentencia: "Listo, camine pa´l parquecito, a los puños pués". En seguida, ante la decepción de un espectáculo macabro que se frustra por una botella no rota, volteo a mirar a la secretaria, cuyos pechos había venido yo detallando desde hacía unos segundos, y, antes de decirle a mi camarada: "Mira nada más que buen par de tetas", me estrello con una escena que me hiela la sangre y me sume en la más profunda de las reflexiones: la pequeña fémina, en un gesto que resultaba casi imperceptible, estaba dibujando una endiablada sonrisa.

No, no he hecho un descubrimiento; todo el mundo sabe que a las mujeres les encanta vernos atrapados en vulgares tasqueras; cada vez que nos rompemos la carátula con un camarada de género en defensa de nuestro sacrosanto derecho a gastarnos nuestros salarios en porquerías brillantes para ellas, las condenadas se inflan de orgullo y casi les brota una tercera teta; eso es vox populi. Pero, tal y como a un biólogo promedio, que sabe bien que las ballenas azules follan, se le pondría dura de sólo tener una sospecha del lugar exacto en que este fenómeno jamás filmado tiene lugar, al bueno de Frank se le pone dura (aunque cada día menos...) al tener la oportunidad de contemplar a una de estas damas haciendo lo que mejor saben hacer: ser unas desconsideradas hijas de toda su puta.

Público:

--- ¿Y eso qué fue?
---No sé, un post al viejo estilo, ya sabes, con vulgaridades y pirotecnia verbal atrapatontos.
---Decepcionante.
---Una mierda.
---Una mierda decepcionante.
---Me encanta cómo completas mis ideas, Antonio...
---Y a mí que te pongas esas bermudas cortitas de tiro, Rodolfo...
--- ¿Qué cosa?
---Eh... que sí, que sí; que ese Nicotine es un hijoputa sin talento...eso mismo.
--- ...

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