Antes de empezar a romper la cristalería, dejemos en claro que no sabemos mucho sobre las señoras. La pregunta con la que Freud descendió a la tumba: ¿Que quieren las mujeres?, es la pregunta con la que todos, uno tras otro, vamos a sucumbir en unos años; porque ni todo el reparto de Inception podría arrancarles tal secreto. ¿Cierto?... ¡Falso! ¡Mentira! ¡Claro que sabemos lo que quieren! ¿Cómo no íbamos a saberlo? ¡Hombre! ¡Si lo vemos a diario en todos lados! ¿Que acaso aún existe alguno al que no le haya tocado pagar ese deshonesto diezmo del noventa por ciento? Lo que ellas quieren, señores, ES VOLVERNOS MIERDA ANTES DE QUE EL SOL SE PONGA.
¿Dudan ustedes? ¿O se sienten fuera de mi foto? Permítanme exponerles un argumento ad hominem: Cristina, porque así se llama la Señora Nicotine (ya me estoy cansando de tanta payasada), para citar el ejemplo más a la mano, es el mejor espécimen de esa raza impía (sí, dije raza y no género, ¿Entendiste el trasfondo? ¿No? Vete a la mierda entonces), sin embargo, pese a sus sonoras virtudes, la dignísima dama esconde intenciones macabras de un grado tan elevado que harían sonrojar a un charco de sangre. ¿Puedo acaso hablar de esas intensiones? Nunca ¿Porque constituiría alta traición? Por supuesto ¿Y justo ahora ella merece una alta traición? Para mañana es tarde ¿Entonces lo voy a ventilar? De ninguna manera ¿Por qué no? Porque me cambió la voluntad por frijoles mágicos, y me los comí por el camino. (voluntad)
Citaba Héctor Abad un proverbio chino que rezaba: "Pégale, pégale a tu mujer, tú no sabes por qué, pero ella sí", y justo cuando mi corazón empieza a palpitar con la ilusión de haber encontrado una respuesta recuerdo que si algún día llegara a ponerle una mano encima, yo mismo acabaría amputándome esa mano a los cinco minutos. (voluntad)
A veces pienso que la voluntad es alguna especie de virus invasor que toma el control de tu sistema. Y es que ¿Cómo estás seguro de que la voluntad que opera en ti es "tu" voluntad? No puedes, no puedes estar seguro porque el Principio de Placer freudiano se lo está empujando por la garganta al Principio de Realidad y no lo deja gritar. El que desees hacer algo no implica que "tú" desees hacer algo. Como decía D´Alembert: "Si las piedras supieran que caen, y eso les gustara, creerían caer libremente, pues estarían conformes en hacerlo". Somos piedras cayendo felices por las faldas de sus faldas, pero lo que es con Frank, el jueguito se les acabó a las desgraciadas. ¿Oigo un amén?

0 comentarios:
Publicar un comentario