De la guerra

Hace unos días, fumando mi pipa frente al televisor, detúveme en mis hercúleas succiones mientras observaba ciertas noticias de corte sumamente curioso: la primera fue de una mujer que estuvo a punto de morir luego de descubrir, mientras enculábala su pretendiente, que tenía una alergia crónica al contacto con el fluido seminal; la segunda consistía en un análisis ceñudo de la situación militar del país, donde un representante del alto mando arengaba a la muchedumbre en procura de cooperación, buenos deseos y la máxima alerta de los reservistas en caso de precipitarse un último bofetón a la insurgencia.
Pero apagad las antorchas y devolved esos mazos a vuestros rectos, que no venimos a hablaros de política ni de la hipotética entrada del reservista Nicotine a los avatares de las armas; trátase este folio de una práctica inherente a la naturaleza humana y sus más desbordadas pasiones y temores; trátase sin duda alguna de la milenaria práctica de la guerra (de éso o de lo que se me vaya ocurriendo por el camino)
Desde que el hombre descubriera que la soberanía sobre el mundo habría de compartirla con sus congéneres, se ha empeñado en dar rienda suelta a los más incontrolables motores de su imaginación, en busca de los medios para evadir éste principio universal, cavando un agujero de cuya profundidad ya no pudo escapar: que te follaste a Helena y ahora te reviento; que o sales de Tierra Santa o te reviento; que me diste por culo en el Tratado de Versalles, ergo, te reviento, e.t.c. Sin embargo, lo trascendental de éstos conflictos no son ellos en sí sino la forma como los percibimos (de hecho éso tampoco es trascendental, pero no jodas, que no se nos ocurrió nada mejor)
En primer lugar, el hombre de hoy no está hecho para las lídes violentas. Desde que existen los abogados, los conflictos de índole cotidiana se suelen resolver con firmas, multas y lengüetazos de polla. Ya nada queda de los prohombres del siglo XII que se batían con el primero que osase cuestionar la vigencia de su dios o la prietez de su dama; ni siquiera podríamos competir con el afeminado hombre del renacimiento florentino, que no dudaba en ventilar cualquier ofensa a puñaladas.
Sin embargo, no digo que nos hallamos vuelto pacíficos, que los doscientos cincuenta millones de litros de sangre que se drenaron en la Segunda Guerra no me dejarían mentir; lo que digo son escencialmente dos cosas: 1) Nos volvimos convenientemente cobardes, y 2) dejamos de ver la guerra como el proceso resolutivo y mediador que realmente es.
Ahora bien, ¿ésto es realmente malo? Soy de los que sufren femeninos desmayos cada vez que ve sangre o una licencia para portar armas, sin embargo me es absolutamente clara la trascendental importancia de un conflicto bélico en lo alto de la cadena alimenticia. Karl von Klausewits sugirió muy sabiamente que la guerra era la continuación de la política por otros medio, y poco podríamos objetarle si nos atenemos a los simples rudimentos del sentido común: el conflicto armado es la máxima expresión de la persuasión.
La paz propiamente dicha es un privilegio de las naciones poderosas, y es así como debe ser; como decía Santo Tomas: "Si estás entre la mierda no te detienes a tomar aire". El primer problema es que un estado pacífico en una sociedad que carece de lo escencial, es el perfecto semillero de las ideologías más refractarias y traídas de los cabellos; nada tan nocivo para un territorio en desarrollo como la libertad excesiva de pensamiento y los tiermpos de ocio bélico.
Para que un sistema continúe su evolución siempre se requerirá una oportuna jerarquización: saber quién está arriba y quién está abajo es vital para echar a andar cualquier maquinaria de naturaleza social; sin embargo, el humano promedio no goza de la suficiente sutileza de razonamiento como para entender, primero, que los oprimidos son tan necesarios como los opresores; y segundo, que todo se trata de estados temporales sincrónicos y no diacrónicos; conceptos sencillísimos que hasta un niño con un puñal en el hipotálamo podría entender.
Así, cuando la gente se confunde y se cierra a los grandes acuerdos ordenadores del universo (acuerdos que ni el abogado más cercano a Satanás podría restablecer), es cuando la muy necesaria guerra viene a poner orden y a salvarnos de la absurda quimera donde los mansos heredan el Reino.
Bueno, este texto ya se alargo y la idea no se redondeo del todo (y se que cuando os la empujo larga, os gusta con una punta final bien redondeada) luego me excuso por las inconsistencias; ya la próxima (aunque no prometo nada) intentaré retomar la extensión habitual y, por supuesto, usar con más empeño y asiduidad la palabra "tetas". Saludos.


6 comentarios:
Carajo, tenia mucho que escribir y ya no quiero.
Pd. Me gusta que, al despedirte, nos desees mucho cáncer.
El autor ha eliminado esta entrada.
En desacuerdo total y además muy desairada luego de tantas jornadas de ausencia tuyas. Acaso crees que es cierto aquello de que las féminas nos valemos solas para alcanzar un puro, real y maduro estado orgásmico? Pues averíguate cuántas hay por ahí, sin conocer las delicias de una adecuada penetración, usando sus dedos para simularse placer a ellas mismas. Como ves, mi reclamo es voz de todas y aun crece cuando leo esta putrefacta versión de la filosofía del Reischtang tuya, tan venida a atrás que te veo colgar lo que tienes grande. Frank, mi Frank, qué te han hecho los meses sin comentarme, que te has ido poniendo tieso como un monumento no vencido.
Frank, aceptarías una perra desvirgada y en celo inconsecuente, de gustos anacrónicos, alérgica al manicura y al champú?
Superado el río infernal, me sumerjo en las altas llamas. No llevo ya sobre mí zángano, compañero, amante alguno.
Camino por las noches vaciadas, olfateando las esquinas sin sentido, devine ovillo, me quebré como un huevo. Calcinada, te reclamo en esta acera. Vete, como dices tú. Wruaff!
Me sorprende que aún se siga pasando vida inteligente por aquí, pues aunque no hubo cierre pomposo, es claro que ya clausuré esta pared. En fin, para no dejar lugar a dudas: ¡DEJAD DE RAYARME LAS PUTAS PAREDES QUE ESTE LUPANAR CERRÓ! Para consultas, dudas o cópula rápida favor dirigirse a mi apartado de correo (éso si se tiene algo interesante que decir, sino dejaos de trapisondas y permaneced en silencio en las tinieblas. Saludos y hasta nunca.
Sera esta la ultima de las diez mil amenazas de cierre de este antro? nah! ya no mas vuelve a publicar Nicotine el emo...
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