
En ésta ocasión, como preámbulo, me gustaría enseñaros el oportuno soliloquio del buen
Nowhereman, sobresaliente pupilo de la Escuela
Nicotine y perro de ataque de nuestra
bienamada Organización, en relación a la suprema importancia de una buena locuacidad genérica; ergo,
helo aquí: "
lo de hacer el ridículo es lo de menos (dice el fulano refiriéndose a la ignominia de una conversación
minable y vergonzosa
), trivialidades de adolescencia; lo que a mi me parece realmente fregado (palabra vulgar que viene a significar "
dificultoso" o "intrincado"
) es que ese torpe comportamiento ponga en riesgo y amenace las infinitas posibilidades de cópula, las cuales se pueden ver completamente frustradas apenas uno abre el hocico. Porque si uno es feo, y encima no tiene como compensarlo con un discurso carismático y elocuente, por definición, esta excluido por la mismísima madre naturaleza y esta procura que sus genes no pasen a la siguiente generación..." Buena muestra de como se cosecha la sabiduría en los envases más insólitos.
Para empezar, hacerse un buen conversador no implica necesariamente convertirse en uno; la dádiva perseguida no pasa de crackear la habilidad y facultarse para disparar señuelos de calor a la perspicacia del prójimo, ocultar la propia miseria en los pliegues de vuestras papadas y abandonar las sesiones de tortura a vuestras descarnadas estimas. Así pues, en estas escaramuzas estratégicas, no se debe olvidar que ya sea con elefantes o con pulgas, siempre es posible levantar un circo, y que lo que subyace a toda farsa siempre es una estructura de gran pragmatismo y simplicidad, a fin de cuentas, poco importa el calibre cuando se carece de balas. Luego, metáforas esnobistas aparte, acotaremos que la abducción cultural que el aprendiz de retórica ha de ejecutar debe ser de lo más meticulosa, y atenerse, por supuestos, a los supremos axiomas que a continuación os presentamos, producto de las más concienzudas y selectas observaciones.
Axioma I
Ya sea que quieras hacerla depositaria de tu semilla o simplemente atraerte su admiración, lo primordial es que no pierdas de vista el catalizador, la motivación para ejecutar el acto de habla. Ten siempre presente las mercancías del prójimo, lo que podrían proporcionarte, antes de hacer convulcionar la mandíbula; asegúrate de que la producción de desibeles tenga un propósito claro y productivo, o tu mente acabará por ceder a la fatiga de la farsa y en un momento volverás a expresarte como el protozoario que eres.
Axioma II
Un buen orador sin algún bagaje intelectual resulta tan estimulante como una mordida en los huevos; el aprendiz de retórica siempre ha de tener algo informativo que decir. Los datos son a tu discurso lo que dos prostitutas por las que no has pagado a tu lecho, y jamás deberás abordar un tema acerca del cual no hayas leído o meditado.
Por ejemplo, mantener un conversación sobre sexo resultará mucho más sencillo si dispones de cierta información, verbigracia: que durante diez minutos de cópula se gastan 1041 julius de energía, que el sudor de gladiador era considerado un afrodisiaco en la antigua Roma o que en promedio fornicamos 4239 veces a lo largo de nuestra vida. ¿Por qué? Primero, porque con el apropiado marco teórico puedes abordar cualquier tema existente y dar la impresión de ser un sujeto muy entendido en X o Y materia; y segundo, porque los demás están en la misma lucha que tú; se pasan horas frente al Discovery tratando de memorizar cientos de datos, intentando ponerle ropa interior a su ignorancia y dándose cuenta de que por mucho que se esfuercen, al día siguiente habrán olvidado el 95% de la información. Así pues, si te reconocen como una fuente de cultura general, te escucharan con femenino entusiasmo sin importar que mierda estés graznando, a la espera de que contextualises tu plática con algún dato histórico o científico que a la larga ellos también puedan usar para impresionar al resto de la troika.
Pregunta del público:
Pero, señor Nicotine, hombre justo y legendario estimulador de vulvas, ¿Cómo un alcornoque como yo, que apenas si recuerda su grupo sanguíneo y el otro nombre da Raskolnikov, podría ostentar la tan vasta e inefable erudición que vuestra magnificencia predica?
Axioma III
No te estoy mandando a instruirte, que inútil sería; a lo que apelo es a vuestra pereza y mediocridad y a lo mucho que sobre esos cimientos puede construirse. Cuando hablaba del apropiado marco teórico no me refería a un conocimiento honesto y substancioso sobre un campo en particular, sino a lo poco que tus manos masturbadoras pueden manejar: ahora lee con cuidado y atesora estos subpreceptos, que son una sabiduría en crudo que ni siquiera mereces.
Identificad los temas que más circulan en vuestro contexto: guerra, dinero, amor, pedofilia aplicada, e.t.c., e intenta recopilar entre 15 y 20 datos o proposiciones de cada uno de ellos. Así mismo, cada vez que hables con alguien sobre algún tema en particular de tu selección previa, asegúrate de usar toda la carga conceptual que has recopilado sobre el mismo, pues, en vista de lo difícil que resultará recordar qué has dicho y qué no, el asunto en cuestión no deberá volverse a traer a colación jamás, a menos que hayas renovado el contenido con alguna información nueva o inicies conversación con otro parroquiano
La literatura es una importante extremidad de la cultura, luego es de suma importancia que seas usuario de los buenos libros; sin embargo, puesto que te gusta creer que eres una persona ocupada, de seguro no tendrás suficiente tiempo para atender simultaneamente a tu angustiante e incipiente homosexualismo y a las magnas letras de antaño. Para empezar, ya no leas libros; toma mucho tiempo y si bien es una excelente catarsis, es poco lo que en verdad puedes usar en sociedad. Asegúrate de leer sólo monografías y críticas, de preferencia negativas ( la gente tiende a considerar que entiendes más de un tema si te sueltas con baldones y embestidas peyorativas contra el mismo). Así mismo, no investigues sobre autores desconocidos o locales, acude a lo que el pueblo conoce, como Dostoievsky, Heamingway, Shakespeare, Cervantes, o Arthur conan Doyle. que son moneda de cambio activa en cualquier ámbito cultural.
No olvidéis recopilar un buen número de frases célebres y encajadlas en vuestro discurso cada vez que lo oláis pertinente. Sin embargo, conociendo vuestra mala calaña, de seguro os soltáis a citar autores sin hacer mención de los mismos, sólo por darte algo de mal habido crédito. La cosa es que a los otros poco les importa lo que tienes que decir, luego tus más agudas citas correrán el riesgo de pasar desapercibidas. Intenta dar un preámbulo apropiado a tus máximas, algo así como: como siempre dijo el bueno de Frank.... o ya decía el lujurioso Nicotine..., pondrá en alerta a los escuchas y os prestarán esa atención que vuestras madres jamás os prodigaron.
Axioma III
¿Cómo aprendemos a escribir? Primero las vocales, luego las consonantes, y posteriormente la combinación entre unas y otras; así mismo, los engranes de tal proceso se engrasan con una continua repetición salmódica que tiene como resultado la mecanización del código de lengua en una sustancia gráfica. ¿Que qué cojones significa éso? Significa que la asimilación de datos, citas, e.t.c., además de ser una mano cálida en la polla de vuestra mediocridad, representa una cementación de base que, luego de entrar a formar parte de tus esquemas mentales tras un sudoroso uso, podrán combinarse en conceptos de los más diversos pelajes y , para sorpresa de esa mierda de hipocampo que te gastas, te pondrán a producir ideas cada vez más agudas e ingeniosas que a la larga se convertirán en gestos de aprobación y apetitosos culos.
De lo que se trata es de poner en tu estructura cognitiva la suficiente materia prima para trenzar un discurso descojonante, pero con la argamasa de información que te empujaste en la universidad o en los libros de Umberto Eco, lo único que has conseguido es aplastar tu lengua bajo el peso de un cerebro que ni siquiera está seguro de que es lo que en realidad sabe. Cuando hablamos, nunca hacemos uso de lo que sabemos, sino de lo que hemos mecanizado, y jamás mecanizaremos información en proporciones masivas (al menos no de un lengüetazo, que es a lo que le estamos apuntando aquí).
Así pues, mi punto, por el momento, es el siguiente: los esquemas mentales que utilizas para crear un texto escrito son diferentes de los que empleas para construir un discurso oral; no importa cuanto hayas leído o profundizado en relación a un ítem particular, porque en realidad muy poco de éso podrá ser utilizado en una charla cara a cara: una cara burlona o un buen par de tetas imposibilitan el acceder a tus conocimientos a la velocidad requerida, y de repente, te vez a la deriva con tus esquemas conversacionales mecanizados, los cuales, por lo general, tenemos penosamente vacíos; ¿Qué viene luego?: vergüenza y pajas solitarias.
Hoy me detuve en los asuntos estructurales y de contenido, y omití las dinámicas del uso (hasta parece que se de que coño estoy hablando) que de seguro es lo que más os importa. No obstante, estaba claro que pasar a los efectos sin pormenorizar las causas hubiese resultado poco práctico y metódico, luego tuve a bien, en mi infinita sapiencia, reservar el resto para una tercera entrada, que la increíble extensión de esta me trae recuerdos de mi entrepierna; ésto sumado al hecho de que ultimadamente no me estáis pagando un hijoputas, luego el orden de los factores es decisión de este supremo arquitecto, que siempre sabe qué es lo que más conviene a vuestras jibas. Subid a vuestras mulas y no olvidéis el camino de regreso, que el grueso de mi sabiduría es tan perenne como el de vuestra gilipollés.